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2015
Description
1858. Valentina y su marido Gervasio, que hasta entonces habían sido criados de una
marquesa en Madrid, están esperando en el puerto de Asturias.
Valentina se hallaba sentada sobre un murete en el muelle de un puerto donde se apiñaban
cientos de hombres exhaustos1, mujeres despeinadas y algún niño que, sentado sobre el baúl
decrépito de sus padres, se aferraba a su pequeño juguete, si es que poseía uno.
Valentina sofocó las lágrimas que de pronto le reptaban desde la garganta hasta los ojos. Los
5 ahorros2 que ella y su marido habían atesorado con el tesón de las hormigas3 se habían
desvanecido entre el viaje y el pago de sus pasajes en tercera clase para el Nuevo Mundo. De
repente le inspiró un miedo negro la mole de agua que abrazaba la cintura del buque4 en cuyo
vientre pronto partiría con Gervasio en pos de una deslumbrante quimera.
El sueño de las Antillas.
10 –En un ratico5 nos dejarán subir –continuó Gervasio–. Y de madrugada partiremos para la isla
de Cuba.
Valentina esbozó media sonrisa de resignación. Había perdido la cuenta de las veces que
había oído hablar a Gervasio de ese lugar misterioso y cercado por el agua.
–¡Vamos a ser ricos Valentina!
15 Ella ocultó la cara entre las manos durante unos segundos y se frotó los ojos. Estaba agotada
de recorrer planicies polvorientas bajo un sol de justicia o empapada por la lluvia, de atravesar
montañas cuyos picos se clavaban en la panza de nubes tan negras como ala de cuervo y de
pasar las noches en establos hediondos. En el palacio de los amos había sido una joven de
hermoso cabello, recogido bajo una cofia blanca. En cambio ahora se sentía como una anciana
20 bajo el pañuelo raído6 que ocultaba su moño crespo y apresurado. Y sólo tenía diecinueve
años.
–Y a la vuelta –prosiguió Gervasio–, cuando regresemos muy ricos y seamos gente
importante, nos recibirán en el puerto con un gran baile y canciones como las que oímos
ayer… Te compraré un palacio más grande que el de la marquesa… en pleno centro de
marquesa en Madrid, están esperando en el puerto de Asturias.
Valentina se hallaba sentada sobre un murete en el muelle de un puerto donde se apiñaban
cientos de hombres exhaustos1, mujeres despeinadas y algún niño que, sentado sobre el baúl
decrépito de sus padres, se aferraba a su pequeño juguete, si es que poseía uno.
Valentina sofocó las lágrimas que de pronto le reptaban desde la garganta hasta los ojos. Los
5 ahorros2 que ella y su marido habían atesorado con el tesón de las hormigas3 se habían
desvanecido entre el viaje y el pago de sus pasajes en tercera clase para el Nuevo Mundo. De
repente le inspiró un miedo negro la mole de agua que abrazaba la cintura del buque4 en cuyo
vientre pronto partiría con Gervasio en pos de una deslumbrante quimera.
El sueño de las Antillas.
10 –En un ratico5 nos dejarán subir –continuó Gervasio–. Y de madrugada partiremos para la isla
de Cuba.
Valentina esbozó media sonrisa de resignación. Había perdido la cuenta de las veces que
había oído hablar a Gervasio de ese lugar misterioso y cercado por el agua.
–¡Vamos a ser ricos Valentina!
15 Ella ocultó la cara entre las manos durante unos segundos y se frotó los ojos. Estaba agotada
de recorrer planicies polvorientas bajo un sol de justicia o empapada por la lluvia, de atravesar
montañas cuyos picos se clavaban en la panza de nubes tan negras como ala de cuervo y de
pasar las noches en establos hediondos. En el palacio de los amos había sido una joven de
hermoso cabello, recogido bajo una cofia blanca. En cambio ahora se sentía como una anciana
20 bajo el pañuelo raído6 que ocultaba su moño crespo y apresurado. Y sólo tenía diecinueve
años.
–Y a la vuelta –prosiguió Gervasio–, cuando regresemos muy ricos y seamos gente
importante, nos recibirán en el puerto con un gran baile y canciones como las que oímos
ayer… Te compraré un palacio más grande que el de la marquesa… en pleno centro de
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18 novembre 2015
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Español